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Violencia fundacional

09:36 02/11/2007

O maxisterio do filósofo Francisco Sampedro lembrounos n´A violencia excedente que a convivencia pacífica non é o estado natural do ser humano, senón un desexo e unha conquista da civilización. Nunca se obtén gratis.

A guerra, coa que só desfrutan os insensatos e os fascistas, non se cinxiu en ningún momento histórico a lei ningunha. O Dereito chega despois, derive o final da violencia dun pacto ou dun xenocidio. Isto funciona con exactitude desde os enfrontamentos tribais até a partición de Alemaña. Vinte séculos despois do romano, aos Imperios aínda lles gusta invocar cinicamente a “guerra de pacificación” e o “dereito internacional”.

Un dos máximos constitucionalistas españois, Javier Pérez-Royo, opina que a Lei de Partidos non se axusta á orde xurídica. Outros expertos opinan que si. Pouco importa; aínda que a detención da cúpula de Batasuna arrasa as leis fundamentais, acusar o sistema xudicial en bloque de prevaricación semella tan estéril como pedir o procesamento de George Bush. A prensa abandonou a literatura de paz e revive os vellos titulares da cruzada contra o independentismo. Vellos porque seguen sendo os da guerra de Cuba, aínda que ignoramos as razóns polas que se acepta que a illa xa non pertence a España.

Advertírao Xabier Arzalluz: un por un, nas últimas décadas os presidentes perderon o posto tras fracasar na confrontación coa esquerda abertzale. O PP, antes do 14-M, consagrou mediante leis de excepción un marco que faculta calquera xuíz (a Garzón ou a eses ex-altos cargos franquistas do Tribunal Constitucional) para adoptar resolucións extremas. Porque sendo Batasuna “grupo terrorista”, deter a militancia toda a penas esixiría un mandato xudicial e un estadio de fútbol, dada a saturación dos cárceres. Da mesma forma que non se pode ser parcialmente atracador, supoñemos que legalmente non cabe ser un pouquiño terrorista.
Non, aquí non vos hai brincadeira ningunha. Falamos dun conflito que, de persistir o deseño de Aznar –avalado agora polo goberno do PSOE-, culminará nunha refundación do Estado. É a Constitución a que deixa sen resolver o problema nacional desde 1978, pero se mesmo os Estatutos das grandes maiorías entran en crise, a nova orde vai resultar intolerable. E non só para os vascos.

Caia quen caia, o nacionalismo español négase a asumir, como fixera o conservador John Major en Stormont, o dereito dun pobo a votar o seu futuro. A oferta parece a seguinte: Arnaldo Otegi, o que dixo nun mitin “queremos que ninguén mate e que ninguén morra neste país”, o voceiro de quen apostaban por prolongar o alto ao fogo a pesar das dificultades, está en prisión.

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Comentarios (4)

breixoak #1 2/Novembro/2007 breixoak

Dando no cravo, coma sempre

galeguzo #2 4/Novembro/2007 galeguzo

Claro e concisso. Um artigo necessário. Obrigado, Xabier.

Aschram #3 4/Novembro/2007 Aschram

“Antes de la evolución del estado, en la mayoría de las sociedades grupales y aldeanas el ser humano medio disfrutaba de libertades económicas y políticas que hoy sólo goza una minoría privilegiada. Los hombres decidían por su cuenta cuánto tiempo trabajarían en un día determinado, en qué trabajarían... o si trabajarían. A pesar de su subordinación a los hombres, las mujeres generalmente también organizaban sus tareas cotidianas y se fijaban un ritmo sobre una base individual. Existían pocas rutinas. La gente hacía lo que tenía que hacer, pero nadie les decía dónde ni cuándo. No había jefes ni capataces que se mantuvieran apartados ni que controlaran el trabajo. Nadie les decía cuántos ciervos o conejos tenían que cazar ni cuántas batatas silvestres tenían que recoger. Un hombre podía decidir que el día era bueno para estirar el arco, para apilar hojas, para buscar plumas o para holgazanear por el campamento. Una mujer podía decidir que buscaría raíces, recogería leña, trenzaría una cesta o visitaría a su madre. Si se puede confiar en que las culturas de los pueblos grupales y aldeanos modernos revelan el pasado, las tareas se cumplieron de este modo durante decenas de miles de años. Además, la madera para el arco, las hojas para el techo, los pájaros que daban plumas, los leños de los gusanos y la fibra para la cesta estaban allí para que todos los cogieran. La tierra, el agua, los vegetales y los animales de caza eran propiedad comunal. Todo hombre y mujer tenía derecho a una porción igual de naturaleza. Ni las rentas ni los impuestos ni los tributos impedían que la gente hiciera lo que quería. Todo esto fue arrasado por la aparición del estado. Durante los últimos cinco o seis milenios, las nueve décimas partes de todas las personas que vivieron lo hicieron como campesinos o como miembros de alguna de las castas o clases serviles. Con la aparición del estado, los hombres comunes que intentaban utilizar la generosidad de la naturaleza tuvieron que conseguir el permiso de otro y pagarlo con impuestos, tributos o trabajo extra. Fueron despojados de las armas y de las técnicas de la guerra y la agresión organizada y éstas entregadas a soldados-especialistas y policías controlados por burócratas militares, religiosos y civiles. Por primera vez aparecieron sobre la tierra reyes, dictadores, sumos sacerdotes, emperadores, primeros ministros, presidentes, gobernadores, alcaldes, generales, almirantes, jefes de policía, jueces, abogados y carceleros, junto con mazmorras, cárceles, penitenciarías y campos de concentración. Bajo la tutela del estado, los seres humanos aprendieron por primera vez a hacer reverencias, a humillarse, a arrodillarse y a saludar humildemente. La aparición del estado significó, en muchos sentidos, el descenso del mundo de la libertad al de la esclavitud”.

Con esta simple aclaración antropológica se queda en el aire el libro de Sampedro.

Lidor #4 4/Novembro/2007 Lidor

"Una mujer podía decidir que buscaría raíces, recogería leña, trenzaría una cesta o visitaría a su madre."

(Carrapuchiña Vermella, pp. 13-15)

"La larga tradición poética cuyos momentos fundamentales podemos seguir a lo largo de la Antigüedad y que se suele englobar bajo la rúbrica de «Edad de Oro» es el punto de partida de una serie de elementos de fortuna indudable en la literatura utópica, pero cuya presentación no se siente bajo la exigencia de consolidar la credibilidad. Constituyen, por tanto, una suerte de «grado cero» de la tradición utópica en la medida en que los problemas de credibilidad se encuentran suspendidos, aunque hay que destacar que el estudio en profundidad de los textos singulares descubre formulaciones muy complejas y que no se pueden someter a un esquema evolutivo: los textos más antiguos, los de Homero o Hesíodo son en este sentido singularmente complejos, mientras que los de Arato y Ovidio son, desde este punto de vista, más simples. El texto de Ovidio, donde se habla propiamente de «edad» de oro y no de «estirpe» áurea, constituye el punto de referencia más seguido en la tradición posterior para este mito. Textos como los de Virgilio, Horacio o Juvenal nos llevan a aprovechamientos del mismo notablemente complejos, que implican opciones específicas dentro de géneros ya de por sí bastante sofisticados.

Es tal vez uno de los movimientos más habituales en la construcción de un concepto «estricto» de utopía el de excluir estos relatos de la nómina de utópicos por considerar que en ellos la actitud es completamente ajena a los problemas políticos y sociales con los que la utopía propiamente tiene que enfrentarse. Con ello es también frecuente considerar reaccionario, escapista o retrógrado el planteamiento de la Edad de Oro."

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Xabier Cordal

Xabier Cordal

Xabier Cordal Fustes naceu na Coruña en 1965. Exerce como profesor de Lingua e Literatura en Castro Ribeiras de Lea (Terra Chá). Publicou varios libros de poemas, tanto en solitario coma en grupo (con Ronseltz ou coas Redes Escarlata, colectivo do que forma parte actualmente). Colabora ademais no xornal Galicia Hoxe.

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